Golf Deconstruido.
En el principio Dios creo al hombre para que sometiese la tierra. Como ser naturalmente social empezó a formar sus primeras tribus, a cazar conjuntamente y a celebrar grandes banquetes comunales. A lo largo de la Historia de la humanidad en los Imperios Helénico y Romano, durante la Edad Media, Moderna y Contemporánea ya fuera bajo regímenes opresores, democracias o monarquías y hasta gran parte del siglo XX, la creatividad en gastronomía ha estado marcada por el valor superlativo de las materias primas y lo que desde siempre se ha llamado cocina regional.
Tradicionalmente y por el influjo del concepto del gusto francés, el prestigio que encumbraba a cocineros reales y chefs de postín se basaba en la búsqueda sabores primarios, en servir excelentes mariscos, soberbios pescados y carnes rojas con las que deleitar el paladar de sus comensales. En los años sesenta y principios de los setenta los restaurantes más innovadores se caracterizaban por el simple hecho de incorporar a nuestra clásica cocina las espesas salsas basadas en mantequilla y nata, el foie excesivamente elaborado, las aves al gusto de las Galias.
La "nouvelle cuisine" propuesta por Paul Bocusse, inspirada en la cocina japonesa más tradicional y cuya influencia en España va ligada a San Sebastián y a Juan Mari Arzak, fue una bocanada de aire fresco. Sin embargo, en la práctica, trajo una oleada de desafortunados cocineros que prostituyendo los principios de los creadores, mezclaron nuevas y viejas ideas para servir infames preparados bajo la bandera de la vanguardia. Es un hecho que hasta la "nouvelle cuisine", los sentidos que participaban a la hora de comer eran fundamentalmente el gusto y el olfato. En la cocina más primitiva e incluso en la cocina regional española, la vista apenas era trascendente a la hora de juzgar lo servido. Por ello no seríamos justos con la "nouvelle cuisine" si no le reconocemos lo que supuso como elemento diferenciador. Esto es, otorgar un papel predominante a la impresión visual de los alimentos, algo trascendental en la cocina japonesa y que desde entonces se ha incorporado al arte de los fogones.
La Gran Revolución llega con los 80. Nace la deconstrucción en cocina, o lo que también se llama cocina desestructurada o deconstruida. ¿En qué consiste esta auténtica revolución culinaria? ¿Qué pretende? ¿Cuáles son sus objetivos? La clave de la deconstrucción es modificar el aspecto, textura y combinación de los distintos alimentos para mejorar el estímulo sensorial que producen. Y así, la cocina desestructurada se basa en una desmedida creatividad y pretende, como último objetivo, hacer participar a todos los sentidos en el goce gastronómico.
Hablar de cocina deconstruida es hablar de la historia de El Bulli y Ferrán Adriá. Su simbiosis pone mucha luz sobre estas cuestiones. Se reinventa. Evolución permanente. Su relación comienza en 1983. Sin embargo no es hasta 1987 cuando se produce la explosión creativa de, posiblemente, el mejor chef del mundo. Es entonces cuando la inspiración se desboca generando las primeras recetas de un nuevo concepto de cocina que tiene como principio básico el lema defendido por Jacques Maximin «Crear es no copiar». Verdadera Vanguardia. Obras de arte como la sopa de guisantes a la menta o el carpaccio de crustáceos. Desde los quince platos creados en 1987, hasta los más de cien cada año de los últimos tiempos, hay toda una evolución que empieza con un estilo mediterráneo, apostando por lo autóctonos, y que a partir de 1994 se convierte en cocina técnico conceptual, con las elaboraciones, las técnicas y los conceptos como motor de la creatividad. Asistimos al nacimiento del sentido del tacto como criterio de valoración gastronómico (quien se lo podría explicar a mi abuela) a través de los cambios de temperaturas en la boca y la generación de texturas inverosímiles que provocan contrastes hasta entonces proscritos. El colofón a esta escalada sensorial lo han puesto los alimentos crujientes y que a la hora de ser masticados imbuyen al oído en el ruedo del buen comer. Calidad de la materia prima, amalgama de impactos, choque de realidades y sobretodo explosión sensitiva en todos los ámbitos es lo que nos ha deparado esta revolución, cambiando por completo algo tan antiguo y aparentemente inventado como era cocinar.
Ahora pienso en Golf, ahora pienso en TeeV, Golf Deconstruido. ¿Por qué? TeeV propone una nueva manera de "cocinar" y "servir" Golf a sus aficionados. El juego ya existe. Los campos, las canchas y los jugadores están ahí. ¿Qué contenidos audiovisuales ha generado esta maravillosa materia prima que es el Golf desde que naciera el juego de 18 hoyos, según cuenta la leyenda, por las 18 medidas que tiene el whisky? Brevemente. Hasta principios del S XX vivimos de la épica y el misticismo. Lo único que podemos ofrecer a los aficionados son libros, historias y anédoctas de las grandes leyendas del juego. De Old Tom Morris, Yuong Tom Morris, Harry Vardon, Bobby Jones o Walter Hagen sólo conservamos algunas fotos y todo lo más pequeños cortos en blanco y negro.
La etapa de "nouvelle cuisine" en el golf emerge pasada la primera mitad del S XX. La televisión y la prensa escrita especializada supusieron un paso adelante decisivo a la hora de difundir las imágenes y los contenidos que generaba el juego. Nacen los derechos sobre los torneos, los reportajes sobre los campos introduciendo la idea de negocio audiovisual. Viene con ello la repercusión de los primeros campeones mediáticos. Es época de explosión y expansión. La época de Arnold Palmer, Jack Nicklaus, Tom Watson, Ballesteros, Greg Norman y Nick Faldo. Un tiempo en el que desde el punto de vista del espectador importa degustar un "menú" de forma pasiva. A modo de seres sin capacidad de interlocución, el medio ofrecía un producto cerrado basado en buena materia prima que se componía de torneos importantes como los mayors, grandes batallas como el duelo al sol librado en Turnberry en el 77, rendiciones incondicionales como la de Hale Irwin camino de la Casa Club de Royal Lytham & St Annes ante el despliegue mágico de "Sevi" o auténticas tragedias como la vivida por Van de Velde en los márgenes del Barry Burn y que superan cualquiera otra que en su día pudieran haber imaginado Esquilo, Sófocles o Eurípides.
No renunciamos a este concepto en torno al golf, apostamos por otro. TeeV cree que existe una forma distinta e innovadora de relacionarse con el espectador. TeeV apuesta por una idea diametralmente distinta a la hora de "cocinar" y "servir" golf. Creemos que con las nuevas tecnologías, con la era digital, se hace necesario entender que ha llegado la mayoría de edad del espectador. No más menús cerrados. Queremos perder el control en la emisión. No imponemos golf, lo ofrecemos. Queremos relacionarnos contigo, ser tus interlocutores, establecer una comunicación que abarque todos los ámbitos en los que te mueves como golfista. Queremos abrirte un universo de posibilidades para luego desaparecer. Aquí entras tú. Queremos que seas tú quien decidas lo que quieres ver, leer o comprar, que decidas cuándo dónde y cómo lo quieres hacer. Tu debes ser el protagonista. Todos los jugadores de golf, no sólo los pros, merecen ser tratados audiovisualmente con excelencia. Partimos de la idea de que la calidad de los contenidos debe ser pilar estructural en nuestra oferta y a partir de ahí TeeV eres tú. TeeV propone una apuesta por la vanguardia y la innovación, una nueva visión del Golf centrada en una experiencia de los sentidos, en una experiencia relacional. Los elementos sobre los que trabajamos ya están ahí, nosotros proponemos a través de la nueva realidad tecnológica Deconstruir algo tan clásico como los contenidos de golf. El respeto por la calidad será máximo y a partir de ahí modificamos su aspecto, textura y el modo de presentarlo para que el contenido del universo golf pueda redescubrirse y mostrarse sencillamente como algo sorprendente.
Sigo pensando en el Bulli, sigo meditando que crear es no copiar. TeeV, llega la revolución.