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¿Quiénes somos? ¿Dónde estamos? ¿Para qué estamos?

 
01 / 03 / 2011
Cuál es el sentido de la misión que tenemos en nuestro mercado

Encontrar el sentido de nuestra existencia es lo primero que un ser humano debería buscar en la tierra. Llega el ruido y la velocidad de mil actividades. No hay tiempo. ¿O no queremos tenerlo? No queremos dejar espacio para el silencio. En el silencio nos encontramos con nosotros. Es ahí donde nuestra conciencia empieza preguntarnos sobre nuestra existencia. ¿Por qué huimos tanto del silencio? ¿Por qué tenemos tanto miedo a mirarnos a la cara? La respuesta es una. Sabemos que tenemos muchas cosas que cambiar. Pero es mejor no saberlo. Así nuestra conciencia está adormecida y podremos fácilmente justificar que debemos vivir como estamos viviendo.

Ahora viene lo bueno. ¿Para qué somos empresa? ¿Para qué estamos en el mercado? ¿A quién buscamos? ¿Nos buscamos? ¿Vivimos solo para el beneficio o el dividendo? Mal vamos. Las empresas son personas y al igual que éstas deben buscar a la sociedad. Salir de nosotros Aportar valor a los demás. Pero para ello debemos plantearnos seriamente por qué hemos nacido. Qué es lo que somos. Qué es lo que queremos ser. Que es lo que queremos aportar a nuestra comunidad. Necesitamos proyecto vital. Nuestra empresa no puede ser un zombie cortoplacista que viva simplemente por la inercia de su movimiento. Sin visión de futuro, buscando hacer proyectos de forma muy similar a la que un yonqui va consiguiendo dinero para pagar la siguiente dosis. Incapaz de ver más allá. Abandonemos la vida que se centra sólo en la siguiente "papela". Tenemos que pararnos a pensar. ¿Tenemos estrategia? ¿Tenemos objetivos sociales medibles y cuantificables? ¿Tenemos estructura para generarlos?

Lo primero que debemos hacer es fijar principios que deben regir siempre nuestro movimiento. Cualquier compañía debería tener definida su esencia. Debería saber cuál es el motivo de su existencia. La esencia se debe desplegar en unos valores. Los valores servirán  como estacas en la nieve para que no perdamos el camino y podamos tomar decisiones estratégicas en los momentos en los que podamos estar sumidos en el desconcierto. Estos principios deben nacer de un pacto colectivo y un compromiso de toda la compañía. Un compromiso que emana de la dirección y que debe trasladarse a través de su comportamiento a todas las personas que participan en el proyecto. Si la dirección evita sujetarse a ellos jamás podrá tener autoridad para exigir su cumplimiento. La implicación de los empleados vendrá determinada por el liderazgo consecuente de los máximos responsables. Y esto debe quedar por escrito. Las palabras se las lleva el viento. Pero ¿Nos hemos planteado alguna vez estas cuestiones? ¿Nos hemos planteado como vemos nuestro proyecto dentro de tres años? ¿Nos hemos planteado si nuestra compañía aporta algún valor a la sociedad?

Principios, valores y proyecto. Nos convertirán en personas. Las personas pertenecen a las comunidades para aportar valor no para aprovecharse del consumidor. El valor que aportan a la comunidad les identifica como referencias y genera un vínculo de pertenencia en todo el colectivo y que prolonga la longevidad de cualquier empresa. Si no sabemos lo que somos, no podemos pertenecer con sentido a ninguna comunidad. Entonces ¿cómo querremos comunicar? ¿Qué querremos comunicar? ¿Para qué querremos comunicar? Las casas nunca se construyen por el tejado. Las empresas tampoco. No podemos integrar a nuestros clientes y fidelizarlos porque sin estructura y principios es imposible identificarse y ser identificado. Es necesario el silencio y la reflexión. Dejar el ruido de las tareas de cada día que son muchas. Dejar tiempo para pensar, para hablar, para reflexionar desde dentro. Para generar acuerdos y compromisos que nos definan y comprometan en una línea hacia el futuro. Dedicar mucho tiempo a fijar esos elementos nos ahorrará muchísimos problemas y nos dará puntos de anclaje a los que nos podamos agarrar cuando nos veamos sacudidos por los implacables golpes del mercado y de nuestros competidores.

¿Por qué huimos los responsables de las compañías del silencio y de los espacios de discusión y debate? ¿Por qué tenemos tanto miedo a mirarnos a la cara poner encima de la mesa lo que no debemos seguir haciendo? La respuesta es una. Sabemos que tenemos muchas cosas que cambiar en nuestra forma de crear empresa, de aportar valor a la sociedad. Pero es mejor no saberlo. Así nuestra conciencia está adormecida y podremos fácilmente justificar que debemos comportarnos en el mercado como lo estamos haciendo.

¿Para qué somos empresarios? ¿Para quién somos empresarios?

Hablar y escribir sobre nosotros. Este artículo no hubiese sido posible sin en su origen no hubiesen existido unas patatas de acompañamiento. Me sirvieron para escuchar mis razonamientos. Compartirlos y discutirlos. Buscar la esencia de lo que estoy haciendo... y seguir buscándola.

 

 

Autor: 
Felix San Sebastian
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